lunes, 5 de marzo de 2012

Visita a mi viejo telar

Llegamos a la aldea de Chía, uno de los estudiantes, después de tres horas en auto desde Kep por la carretera nacional 3. La mayoría de los muchachos eran de Takeo e íbamos a hacer una visita en su vieja provincia que toca el Vietnam. La casa campesina, suspendida en cuatro zancos, con gallinas y ganado por todas partes, era su mundo. Le hizo las reverencias a sus padres que consisten en inclinaciones y caricias a los pies de sus viejos. Después nos invitó a ver su telar. Era como quien toca un piano. Tenía meses de estar paralizado, desde que él salió de la aldea a estudiar automecánica en Don Bosco Sihanoukville.


Lo cierto es que el telar camboyano se relega cada día más. El país de la seda, cuyos tejidos a mano eran distinguidos en toda la Indochina, quizá termine comprando copias chinas. Desde que las fábricas textileras comenzaron su historia en 1999 con las primeras inversiones estadounidenses, a lo que le debe Camboya el inicio de su recuperación, cientos de mujeres se vincularon a estas. Las pequeñas fábricas rurales, todas de corte familiar, comenzaron su decadencia. Chía, porque también el telar en Camboya es cosa de varones, lo tuvo que abandonar también. 

- Ya se nos volvió un mal negocio. Casi nadie compra lo que hacemos. En Phnom Penh venden telas en cantidades y aunque no tienen la misma calidad que las hechas en estos telares,nuestro producto ya no gusta - concluye mientras sigue tejiendo como una muestra a todos sus visitantes.

Las mujeres, la mayoría jóvenes, abandonaron sus producciones caseras para unirse a fábricas masivas en donde trabajan por salarios de 200 rieles mensuales (50 dólares). Las condiciones de trabajo no son las mismas y se ha vuelto común un fenómeno de 'desmayos masivos' que ha tenido ya varias investigaciones en lo que parece ser una paranoia masiva. Por otra parte, la inestabilidad laboral crea tensiones entre obreras y patrones.

- Los varones que nos dedicábamos a los telares no tenemos las puertas abiertas de esas fábricas porque siempre prefieren mujeres, pero tampoco nos interesa por los salarios tan bajos. Entonces se aprovechan de las mujeres. Por fortuna pude ingresar a hacer una técnica en mecánica automotriz.

¿Qué será de este viejo telar? - le pregunto. El telar vivirá siempre aquí, en casa y siempre vendré a tejer algo.

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